Entrevista a Jürgen Schübelin, Responsable para la Campaña Humanitaria de Kindernothilfe en Haití después del terremoto del 12 de enero 2010, y la reconstrucción de infraestructura destruida.
Aprendiendo a trabajar con el corazón abierto:
Los cinco meses que han pasado desde uno de los desastres naturales más terribles en la historia de la humanidad, el sismo del 12 de enero en Haití, el cual resultó en más de 220.000 muertos, han significado para Kindernothilfe todos los días nuevos retos - y al mismo tiempo forzado procesos de aprendizaje. La periodista chilena, Nélida Pohl, conversó en Puerto Príncipe con Jürgen Schübelin, quién asumió por un año la conducción de la Campaña Humanitaria de Kindernothilfe en Haití y la coordinación de la reconstrucción de la infraestructura de los proyectos destruidos.
¿Como organización de desarrollo y de defensa del derecho del niño, Kindernothilfe estaba preparada para una catástrofe de la magnitud del sismo que afecto a Haití el 12 de Enero de 2010?
Nadie puede estar preparado para un desastre de esa envergadura. Nosotros siempre supimos que Haití es un país con alto riesgo de huracanes, y de hecho acumulamos mucha experiencia con los huracanes Jeanne el 2004 y Noël el 2007, pero el terremoto dejó en país tan pequeño como Haití, 220.000 muertos, 300.000 heridos y más de un millón de damnificados. Una catástrofe tal escapaba a nuestra imaginación, y es la peor pesadilla para una organización dedicada a defender los derechos de los niños.
¿Cuál fue la reacción de Kindernothilfe en un primer momento tras acontecido el terremoto?
Lo más difícil fue que durante las primeras 48 horas no tuvimos ningún contacto con Alinx Jean-Baptiste, director del programa KNH-Haití, la incertidumbre acerca de si nuestros colegas de la oficina de KNH-Haití habían sobrevivido era total. Yo estaba en Chile en el momento del terremoto, y logré llegar vía Republica Dominicana el 16 de enero. Un día antes había podido entrar un equipo de avanzada constituido por nuestro colega Ruben Wedel y los primeros médicos de la organización de ayuda humanitaria Humedica. A mi me tocó guiar el segundo grupo. En República Dominicana la Defensa Civil nos puso en un bus de locomoción colectiva, y así llegamos hasta Haití, cargando 2000 litros de agua y 1000 litros de gasolina y diesel, medicamentos y equipo quirúrgico. Nuestro primer punto de anclaje aquí en Puerto Príncipe fue la Escuela Quisqueya en Delmas # 75 donde fuimos acogidos con mucha generosidad junto a varias otras organizaciones de ayuda humanitaria.
Nuestra primera prioridad fue informarnos acerca del estado de nuestros socios y proyectos históricos, como el Ejército de Salvación, las Pequeñas Hermanas de Santa Teresa y su organización comunitaria rural EPPMPH, Foyer Maurice Sixto, GADRU etc. El terremoto afectó a Kindernothilfe en lo más profundo, de las doce escuelas que apoyábamos antes del 12 de enero, 9 estaban destruidas o con daños irreparables en su infraestructura, era un panorama desolador.
Nunca olvidaré la impresión que me causó llegar al campamento de emergencia del Ejército de Salvación en Delmas # 2, miles de niños caminando entre las ruinas, pidiendo agua, ya que durante los primeros días no había suficiente para beber. El olor a descomposición en la calles, la gente buscando sobrevivientes y muertos entre las ruinas, a mano, pues la maquinaria disponible era muy precaria. De noche la ciudad estaba a oscuras, sólo existía la luz de algunos semáforos alimentados por placas fotovoltaicas, lo que creaba un escenario aun más apocalíptico.
¿Y cuales fueron las primeras acciones realizadas por Kindernothilfe?
Nosotros inmediatamente implementamos las experiencias aprendidas luego del tsunami en los países aledaños al océano indico, después de los recientes terremotos en Indonesia - o aquí en América Latina posterior al huracán Stan en Guatemala en 2005, y del terremoto en el sur de Perú en 2007, en todas esas oportunidades KNH junto a sus diferentes socios creó espacios seguros para niños (en inglés Child Friendly Space, o CFS), que son áreas sólo para niños, donde podemos alejarlos del estrés y del pánico, donde puedan comer y beber agua sin que los adultos se la quiten, un lugar donde además puedan tratarse síntomas de trauma. Estos centros aquí en Haití son operados por nuestros socios locales como el Ejército de Salvación, AMURT, EPPMPH, MHDR y otros. Actualmente Kindernothilfe financia y asesora en Haití en total 14 CFS con casi 8000 niños. Teníamos experiencia con esta estrategia de crear espacios seguros, modo de trabajo que ahora muchas otras organizaciones también utilizan, pero la tarea nunca fue tan compleja como en Haití pues nunca habíamos estado en una zona tan amplia devastada completamente. Proteger a los niños en un primer momento luego de la catástrofe es una de las tareas más fundamentales, y a la vez menos consideradas. No existe momento de mayor riesgo para los niños como después de una catástrofe, nunca sus derechos corren mayor riesgo de ser violados, ni se exponen a mayores abusos. Cuando la familia desaparece, los niños quedan expuestos a abusos de toda clase, por ejemplo en los campamentos de emergencia, lugares donde el hacinamiento destruye los controles sociales, allí los niños sufren violencia física y sexual. Los CFS también cumplen la función de hacer visibles a los niños, ellos van todos los días, se registran sus nombres, donde y con quien están viviendo, averiguamos sus contactos, así además podemos identificar quienes no cuentan con respaldo familiar. En todo eso no hay que subestimar las capacidades de los niños, por ejemplo los que quedaron solos luego del terremoto se agruparon entre ellos, o acudieron a conocidos, compañeros de escuela, etc.
¿Cuáles son las siguientes fases de trabajo a mediano y largo plazo?
Bueno, después de la primera fase se nos vienen grandes tareas adelante, en primer lugar tenemos que reconstruir la infraestructura escolar, lo que nos va a tomar de 2 a 3 años. Hay que recordar que antes del terremoto sólo el 50-60% de los niños en Haití tenía acceso a la escuela, por lo que nuestro segundo gran desafío es ampliar la cobertura escolar, ahora a través de los proyectos de reconstrucción ya iniciados.
Nuestro tercer reto es incluir en la reconstrucción estrategias de autosustentabilidad y de desarrollo comunitario, queremos transformar el proceso de reconstrucción para fortalecer la identidad comunitaria y mejorar así las condiciones de vida de la gente.
Una enorme tarea que quedo más en evidencia que nunca con el terremoto es lidiar con la realidad de los niños Restavèk (literalmente en Creóle y Francés, "quedarse con"), el componente infantil mas afectado por el terremoto. Estos son niños sin familia, que son "acogidos" por familias de extrema pobreza para que realicen los trabajos domésticos a cambio de techo y poca y mala alimentación. Como el terremoto destruyó muchas de las viviendas en que vivían, la demanda por niños Restavèk disminuyó, pero como muchos niños perdieron a sus familias, en contraste la oferta aumentó. El sistema Restavèk es una violación rampante a los derechos del niño, intolerable luego de mas de 200 años de abolida la esclavitud en Haití. Uno de los mayores problemas es que los niños Restavèk en su gran mayoría no van a la escuela, lo que compromete su futuro irreparablemente. Convencer a sus empleadores de que los dejen ir a la escuela es el primer paso para sacarlos de su situación, ya que la escuela es una herramienta que les otorgará oportunidades una vez que sus empleadores se deshagan de ellos al entrar en la adolescencia.
Estos niños no forman parte de las familias para las cuales trabajan, duermen en el suelo de barro mientras la familia se apiña en la única cama, y se alimentan de sobras. Se levantan de madrugada a buscar agua en baldes de 18 a 20 litros, baldes que cargan sobre sus cabezas. Después tienen que hacer la limpieza, vaciar los recipientes de orina que utilizan durante la noche, lavan, cocinan, trabajando de sol a sol.
Aun así no podemos olvidar que el sistema Restavèk es una consecuencia de la extrema miseria en que viven estos niños y las familias para las que trabajan, por ende en nuestro trabajo no podemos considerar a las familias como nuestros enemigos, ellos son parte de un ciclo de explotación y pobreza extrema. Por ello nuestra labor consiste en organizar que psicólogos, trabajadores sociales, pastores de la comunidad vayan tocando puerta tras puerta, convenciendo a las familias acerca de la importancia de dejar ir a los niños a la escuela, enfatizando que asistir a la escuela no les impide realizar las labores del hogar.
Antes del terremoto trabajábamos en el tema Restavèk con una organización socia, atendiendo a aproximadamente 450 niños, ahora tenemos tres socios y atendemos a más de 3000 niños en Puerto Príncipe y Carrefour, pero quedan muchos más aún por ayudar. El foco del problema se haya sin duda en las ciudades, pero también conocemos casos de personas que reclutan niños en el campo, vendiéndoles a los padres la fantasía de una vida mejor para sus hijos. Por esto en los últimos años Kindernothilfe ha fortalecido su presencia en el campo, donde hay que romper con la mentira de que los niños están mejor en la ciudad, incentivando el debate sobre los derechos del niño mediante la sensibilización y capacitación de profesores, líderes comunitarios, etc.
En este sentido es muy importante recalcar que el primer proyecto de reconstrucción de infraestructura escolar que estamos realizando es en la comunidad rural de Coupeau (junto al apoyo técnico de la oficina de arquitectura Chilena Habiterra, ver artículos Coupeau), lo que constituye un acto no solo simbólico sino también político, estamos mandando una señal que dice que la educación rural es extremadamente importante, sin ella un país no pude salir de la pobreza. Esto es para nosotros una noción fundamental que pocas organizaciones han captado, lo que tiene que ver con la falta de infraestructura rural, no existen caminos y todo el transporte y comercio se hace a pie, con mucho esfuerzo, pero es un sacrificio que tenemos que hacer para acercarnos a la gente.
¿Cómo se adapta Kindernothilfe a estos nuevos desafíos?
Por ejemplo hemos aumentado nuestro personal, la oficina de KNH-Haití creció de 3 a 10 miembros, y en nuestra oficina principal en Duisburg se creó un departamento especial para coordinar los proyectos de Haití. Es importante también recalcar que sin las experiencias de nuestros colegas e organizaciones socias en Latinoamérica, quienes ya han lidiado con muchas situaciones de catástrofe, no contaríamos con las lecciones, con el aprendizaje necesario para enfrentar estos nuevos desafíos.